Mientras la muerte fue considerada como una frontera insalvable, los seres humanos podían dormir en paz. Pero bastó que Kate Fox, una niña de once años, hiciera un chasquido con los dedos para que la tierra se abriera a nuestros pies. Se sostiene que “ellos” están mucho más cerca de lo que imaginamos: La ciencia no ha logrado encontrar una explicación válida a los hechos que dieron origen al espiritismo.La distancia entre lo que se nos muestra como “realidad” y esa otra realidad íntima, difícilmente controlable, a la que denominamos “deseo”, constituye un espacio que necesita ser cubierto por toda clase de mitos y fantasías. Se trata de una constante histórica que ha dado origen a las más disparatadas elucubraciones metafísicas; pero también ha afinado nuestra percepción en la búsqueda de ecos o voces que alimentasen una última esperanza frente a la evidencia de lo irreparable.
Cuando un ser querido nos abandona “definitivamente”, o cuando reflexionamos sobre ese túnel sin final de nuestra propia desaparición física siempre existirá, consoladoramente, el beneficio de una duda irresoluble: ¿Conserva el espejo, en su trasfondo insondable, las imágenes que en otro tiempo reflejó? ¿Volveremos a escuchar las palabras de aquellos “ausentes” que fueron depositarios de nuestro amor? ¿Con qué método podremos alcanzar las fuentes de esa “vida sin término” de que nos hablan todas las religiones?
“Golpes del macho cabrío”
Esa necesidad tan comprensiblemente humana que nos impulsa a descorrer-y a veces a desgarrar- el velo de Isis ha cosechado, a los largo de los siglos, frutos ambiguos y, casi siempre, inquietantes. Los que constituyeron la base de la doctrina espiritista son, sin lugar a dudas, los más inquietantes de todos.
Nadie podía imaginarse que en pleno “Siglo de la Ciencia”, y en el corazón de un país que despertaba el gigantismo industrial como los Estados Unidos, el misterio pudiera golpear con incalificable saña en las humildes paredes de madera de una remota casa de pueblo. “Los golpes del Macho Cabrío”, como los calificó la primera de las niñas que tuvo ocasión de escucharlos, iban a poner los pelos de punta a una sociedad que se debatía entre la superstición y una concepción casi religiosa del “progreso científico”.
La poca asimilable historia que dio origen que dio origen al espiritismo moderno se inició el día 2 de diciembre de 1847 en “Hydesville”, una modesta casa de madera, casi un barracón, perteneciente al pastor metodista John D. Fox. La casa se encuentra todavía como centro de peregrinación espiritista de Arcadia, pequeña localidad perteneciente al condado de Wayne, en el estado de Nueva York, y pocos son, ya en las postrimerías del siglo XX, los que se atreven a pasar una noche solitaria bajo su techo. Ese día de diciembre-o, por mejor decir, esa noche-, en la habitación de Margaret y Kate, las dos hijas del pastor, empezaron a oírse ruidos con cierta periodicidad y sin cause aparente.
Vibraciones estremecedoras
El 31 de Marzo de 1848, hacia las once y media de la noche, se inició la catarsis. Los golpes, verdaderamente estremecedores, se manifestaron con una intensidad desconocida. Vibraciones violentas, casi estruendosas, se prolongaron hasta las primeras luces de la madrugada, intercalándose con sonidos de corta duración que semejaban “golpes dados con nudillos sobre algún tablero”; para, seguidamente, reproducirse con un fragor semejante “a la descarga de un carro de pedruscos sobre una plataforma de madera”, según manifestaron las hermanas Fox con grafismo propio del medio rural en que vivían.
La intuición, característica fundamental de los médiums, impulsó a la primera médium espiritista que registra la historia. Desafiando aquellas fuerzas “tenebrosas”, capaces de provocar tan aterrorizante repiqueteo, casqueó sus deditos y con voz temblorosa, pero firme, exclamó:
-¡Aunque seas el mismo Diablo, haz lo mismo que yo...!
A partir de ese momento se rompió una frontera, hasta entonces considerada como infranqueable. De acuerdo con la interpretación espiritista, el mundo tangible y el oscuro mundo de lo inaccesible entraron en comunicación, por primera vez, valiéndose de un código preciso y eficaz: la niña quedó asombrada de la inesperada respuesta de quien consideraba “El Diablo”, puesto que cada crujido de sus dedos se replicó con un golpe dado sobre un armario.
Algunas de las respuestas formuladas por medio del sencillo código parecían desconcertar a los atribulados testigos.
Shira Duncan - Videnciatarot.com